Han pasado poquito más de 4 años desde que te vi por primera vez. Todo ha cambiado tanto. Ahora no puedo imaginarme la vida sin ti. Es vida que es toda rutina y a la vez sorpresa constante.
Llevas más de un año en la escuela, tal vez debí escribirte aquella ve que entraste por primera vez a ese hermoso lugar que escogimos, pero estaba tan abstraída mirándote y tratando de sobrevivir a todo.
No lloraste. Ni siquiera te despediste, estabas tan emocionado pintando que sólo me miraste y volviste a las hojas que te habían pasado. Yo debo confesar que sí llore, poquito.
Luego fuiste por primera vez de excursión y me sorprendiste, como siempre. Lo lograste y lo logramos papá y yo. Extrañarte tanto fue lo de menos al ver tu carita volver.
Eso sí, ni una palabra, decidiste no hablar nada de nada. Puros gestos y señales. Y de pronto, saliste de vacaciones y comenzaste a hablar. No palabritas sueltas, no, enunciados completos. Ahora, a unos meses, aún te cuestan trabajo algunas palabras y te desespera de vez en vez cuando no te entiendo, pero hacemos el esfuerzo y cada vez nos sale mejor.
Y nos sorprende tu lucidez, tu capacidad de entendimiento, de cuánto has aprendido y avanzado, de lo inteligente que eres y de cómo nos haces reír. Pero la verdad, lo que más me encanta es que hayas heredado a mamá ese gusto por hablar y hablar. Eso nos permite ponernos a platicar en la noche aunque no dejemos leer a papá. 'No impota, todo eta bien'.
Oh, también debo decir que te encantan los coches y las retroexcavadoras, tanto que si ves una el mundo se detiene. Qué encanto. Así como es felicidad escuchar: T'amo. Yo también hijo mío, yo también.
Día 11 del Reto #DóndeandaelSecretariodeCultura
Hace 10 años
0 comentarios:
Publicar un comentario