martes, 15 de noviembre de 2016

4 años

Publicado por Unknown en 17:05 0 comentarios
Han pasado poquito más de 4 años desde que te vi por primera vez. Todo ha cambiado tanto. Ahora no puedo imaginarme la vida sin ti. Es vida que es toda rutina y a la vez sorpresa constante.
Llevas más de un año en la escuela, tal vez debí escribirte aquella ve que entraste por primera vez a ese hermoso lugar que escogimos, pero estaba tan abstraída mirándote y tratando de sobrevivir a todo.
No lloraste. Ni siquiera te despediste, estabas tan emocionado pintando que sólo me miraste y volviste a las hojas que te habían pasado. Yo debo confesar que sí llore, poquito.
Luego fuiste por primera vez de excursión y me sorprendiste, como siempre. Lo lograste y lo logramos papá y yo. Extrañarte tanto fue lo de menos al ver tu carita volver.
Eso sí, ni una palabra, decidiste no hablar nada de nada. Puros gestos y señales. Y de pronto, saliste de vacaciones y comenzaste a hablar. No palabritas sueltas, no, enunciados completos. Ahora, a unos meses, aún te cuestan trabajo algunas palabras y te desespera de vez en vez cuando no te entiendo, pero hacemos el esfuerzo y cada vez nos sale mejor.
Y nos sorprende tu lucidez, tu capacidad de entendimiento, de cuánto has aprendido y avanzado, de lo inteligente que eres y de cómo nos haces reír. Pero la verdad, lo que más me encanta es que hayas heredado a mamá ese gusto por hablar y hablar. Eso nos permite ponernos a platicar en la noche aunque no dejemos leer a papá. 'No impota, todo eta bien'.
Oh, también debo decir que te encantan los coches y las retroexcavadoras, tanto que si ves una el mundo se detiene. Qué encanto. Así como es felicidad escuchar: T'amo. Yo también hijo mío, yo también.

lunes, 23 de septiembre de 2013

¡Feliz cumpleaños Másimo Brúsimo!

Publicado por Unknown en 23:15 0 comentarios
El jueves 26 de septiembre cumples un año. ¡Qué rápido! Aún tengo el recuerdo muy fresco de cómo eras la primera vez que te vi. Has cambiado tanto. Ahora tienes cabello, seis dientes, más uno que casi brota, hablas y hablas y estás dando tus primeros pasitos.
Tienes ya tus primeros zapatos y me duelen los brazos por tanto tiempo que quieres estar de pie, estás practicando para la que será uno de tus logros más importantes, caminar.
Estos días he estado nostálgica entre el recuerdo de que hace un año, un día cómo hoy, no tenía ni idea de lo que venía, lo único que quería era dormir y que me dejarán de doler los pies y la cintura.
Llegaste y todo fue una revolución, no sólo aprender a bañarte o alimentarte, sino comenzar una historia en la que me enfrento con lo peor de mi misma, pero también con lo mejor.
Hay cosas que aún me cuestan, como ser paciente, pero créeme que estoy luchando contra mis propios temores y contra la fastidiosa necesidad de hacer por hacer.
Eso has venido a enseñarme, que en esta vida es más importante detenerse minutos enteros a reír, que admirar las gotas de lluvia sobre el cristal puede ser la tarea más entretenida de todos los tiempos, que se duerme cantando, que se come sonriendo, que cada beso y cada caricia se celebran, que hay que hacer ruido, que hay que tocar para conocer, que un abrazo no se posterga y que, si se desea, puede uno comer con las manos.
Todos los días son un reto porque me enfrentas a mis dilemas, a mis preguntas, a mis conflictos y a mi caos, porque eres tan cristalino que ante ti estoy desnuda, me miro gracias a ti y luego te observo, trago saliva y recuerdo que la única misión importante que tengo en estos momentos es sostener tus pasitos, abrazarte bien fuerte, arrullarte hasta que te quedes dormido, apretarte contra mi pecho cuando te frustras, sacarte el papel de la boca, cantarte, hacerte cosquillas, tumbarme a tu lado mientras azotas el tambor, ser tu mamá, pues. Entonces lo demás se vuelve lo de menos.
Así de importante eres en mi vida, porque este jueves 26 de septiembre cumples un año mi amor y yo cumplo un año de ser mamá, y Ale, nuestro querido Ale, tiene un año que es papá, por donde lo veas tenemos que festejar. Gracias Bru por haberme elegido. ¡Feliz cumpleaños Masimo Brusimo!

martes, 13 de agosto de 2013

Casi un año.

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Tienes 10 meses y cuatro dientes, dos muy grandes en tu encía de abajo, juntitos, y dos más en la encía de arriba que son tus colmillos y que cómo nos han dado lata y molestias.
Eres sorprendente. Ahora comes todo con las manos, ya no quieres que te dé nada con cuchara, a veces sí aceptas que yo te dé, pero en general prefieres estar todo batido. Eso no está mal, estás aprendiendo y además eso nos permite, a tu papi y a mí, un poco de tiempo para comer.
Te veo y a veces no lo creo. Has crecido tanto y eres tan inteligente. Señalas con el dedo a dónde quieres ir o quien quieres que te cargue, protestas si te alejamos de algo que te divierte o si te quito el libro que te estás comiendo. Es decir, eliges. Todavía no eliges la ropa que te pones, aunque al paso que vamos, no creo que falte mucho.
Hablas y hablas. De pronto te arrancas con unos soliloquios en los cuales ya se te entienden algunas palabras como aquí, mamá, papá, veo, gracias. Hace unos días, te enojaste con una policía de tránsito que sonó su silbato muy cerca de nosotros, estabas en silencio, pero oíste el ruido y te aventaste a decirle quién sabe cuánta cosa. Bien hecho.
Todos los días es una aventura contigo, desde que dejes ponerte el pañal, hasta que permitas que descansemos un poco los brazos, porque quieres abrazos y más abrazos. Pero, no sólo eres aventura por las dificultades, sino también por todas las cosas hermosas que haces, eres todo sonrisas y gritos. Sí, gritos, bastó con que te enseñara una vez, para que ahora te emociones y grites y luego te rías de tu propio grito.
Ay hijo, eres maravilloso. Por eso no puedo dejar de besarte. Sabes, eres lo mejor del día. Ahora duermes a mi lado, es la única manera que puedo escribir sin que tus manitas me borren lo que escribo, porque tu curiosidad es tanta. Sí, lo escribo y recuerdo tus ojitos buscando todo, qué es, por qué se mueve, qué dijo. Todo, porque todo quieres aprender.
Es cuando pienso cómo voy a hacer para que estás cosas que ahora tienes, no las pierdas. Deseo que la curiosidad, la persistencia, la alegría y la honestidad se queden contigo.
Yo, estoy bien. No puedo negarte que adaptarme a este nuevo ritmo de vida ha sido complejo. Aunque lo más difícil ha sido acostumbrarme a no tener tiempo, a hacer las cosas a medias, con miles de interrupciones, ahí voy, es mi reto, ser paciente. Inhalo y exhalo mientras sigo creando y haciendo, aunque a veces solo sea en la imaginación. Ya vendrá el tiempo, porque si algo he aprendido requete bien ha sido que cada cosa llega en su momento. Ahora ya casi llega el tiempo de que camines y agarrense.



sábado, 16 de febrero de 2013

Casi 5 meses

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Me tocas la cara. Me sonríes. Juegas con tu voz. Sabes exactamente lo que quieres. Miras con sorpresa todo, hasta lo que ya conoces. Prefieres jugar con la bolsa de papel colgada que con la sonaja más cara. Avientas las mordederas porque no suenan. Te chupas las encías y las manos. Abres tus ojos bien grandes cuando me ves a lo lejos. Hay ropa que ya no te queda. Duermes con los brazos abiertos. Me reconoces entre la gente. Gritas y te ríes cuando te escuchas. Estás a punto de cumplir cinco meses y yo te amo más que nunca.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La llegada de Bruno

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Bruno y Tanis
La llegada de Bru me cambió la vida. De eso ya hace poco más de dos meses, pero de tantas emociones y nuevas cosas por aprender ni tiempo había tenido de escribir. Confieso que tampoco había querido, la forma en que Bru llegó al mundo me tocó de tal forma que apenas voy recuperándome.

Fue un 26 de septiembre de 2012. A las cuatro y media de la tarde asomó su cabecita por mi panza. Para la mamá primeriza parecía que ese era el fin de una de las experiencias más hermosas de su vida, pero no. El embarazo era sólo la antesala de una nueva forma de amor, indescriptible e inconmesurable que estoy viviendo al máximo.

La labor de parto comenzó un día antes alrededor de las 10 de la noche. Las contracciones, esa extraña manera de ponerse dura la panza, se hicieron regulares, con lo que la señal estaba dada.

Después de terminar de arreglar nuestras maletas, Ale y yo salimos a la medianoche rumbo a la Ciudad de México. El viaje fue de lo más placentero gracias a Alfonso y Lu que nos llevaron en su coche. Sólo apretaba la mano de Álex cada media hora que tenía una contracción, no crean que por dolor, no, era una especie de nerviosismo.

Ahí por donde da uno vuelta a observatorio se me antojo un chocolate, nos detuvimos en un Oxxo y me cumplieron el antojo, el último de este embarazo. En el hospital ya nos esperaba Lulú, la enorme doctora que estuvo con nosotros toda la noche y el día siguiente esperando a Bruno.

Llegamos al cuarto del hospital y me puse cómoda, ya saben me hicieron poner una bata y unas pantuflas. La doctora me revisó y según los signos tan favorables Bruno podía nacer en las próximas dos o cuatro horas, pero no quiso.

Aunque teníamos que conseguir 10 de dilatación, sólo llegamos a 4 en 18 horas de labor de parto, de ellas 17 la pase a toda madre, platicando con Lulú, acostada en una pelota, dormida, de la mano de Ale, caminando en el hospital enterándome de los padecimientos del resto de los enfermos, meditando, en fin. El dolor siempre fue soportable y por momentos hasta placentero. Sí, díganme loca, pero en serio, me había preparado para que fuera así.

Alrededor de las dos de la tarde, ya del 26 de septiembre, Lulú me volvío a revisar y se dio cuenta que no avanzabamos nada. Se sentó en la cama y muy seria nos dijo que tenía que hacer césarea. En ese momento el mundo se me vino abajo. Comencé a llorar y a pedir más tiempo, sólo nos dieron una hora más.

Ale y yo nos sentamos uno frente al otro, cerramos nuestros ojos y nos concentramos en la llegada de Bruno, instintivamente comence a hacer círculos con mi cadera y el dolor de mis contracciones se tríplico de un segundo a otro.

Unas ganas inmensas de pujar, de ir al baño, de llorar, de apretar las manos comenzaron, todo al mismo tiempo. Pero, no fue suficiente, a pesar de todos estos signos de la inminente llegada de Bruno la dilatación seguía estancada. No podía más, esa hora, esas seis contracciones, las más dolorosas, tenían que traer a Bruno, pero tuve que aguantar el pujo para no lastimarlo.

El resto lo recuerdo a medias, perdí la concentración cuando supe con certeza que iría al quirófano. Entonces, el dolor era horrible. Subida en la camilla me retorcía cada que llegaba una contracción. Sólo oía cómo todo mundo se apresuraba, iban, venían, me acomodaban, hasta que llegue frente al anestesiólogo. Esperamos una contracción más para que cuando fuera bajando me inyectaran y el dolor de la epidural no se sintiera.

Ale no estaba, no saben cuánto lo extrañe esa media hora, lo habían mandado a cambiarse para poder entrar y yo lloraba de pánico. Lulú estaba ahí, sentía mi miedo, por eso se acercó a tomar mi mano, cuánto le agradezco.

Un calambre en la cadera y en ambas piernas puso fin al dolor, pero inicio la angustia. Sentía que me dormía. A pesar de mis esfuerzos mis ojos se cerraban. Yo quería recibir a Bruno, hablarle, tocarlo, no me hubiera perdonado quedarme dormida, así que puse todo mi empeño en estar consciente, lo más posible.

Sentí todo, cuando me abrieron, cuando empujaron para que saliera Bru, cuando paso su cuerpecito por mi cuerpo, todo, pero como a distancia, como un testigo más. Así lo vi cuando un doctor inmediatamente que nació lo sostuvo y me lo enseñó por arriba de la tela que separaba mi cabeza de mi estómago. Bruno era gris, tenía los ojos cerrados y lloraba tan fuerte, no lo pude tocar.

Tampoco pude llorar. Por meses cada que imaginaba ese momento, cuando viera por primera vez a mi hijo, lloraba sin poder controlarlo, sentía que cuando fuera el parto sería peor y sentía alivio de en el parto iba a poder externar esa emoción. El esfuerzo por no quedarme dormida fue más grande.

El pediatra lo revisó, 9.9 de apgar, sólo porque llegó con las manos moradas. Ale nunca se separó de él. Minutos después, no sé cuántos, lo pusieron en mi pecho, tampoco pude tocarlo, sólo lo vi y pedí que lo quitarán de mi lado, me estaban retirando la anestesia y un temblor incontrolable se apoderó de mi cuerpo. Tenía mucho miedo de tirar a Bruno.

Desde el inicio de la operación y hasta el final no deje de dar indicaciones. A los médicos que lo sacaran con cuidado y que me lo enseñaran. Y a Ale que se fuera con él al cunero, que no se despegara de Bru, que se olvidará de mi que yo iba a estar bien, que no llegará al cuarto si no lo traía, que no le dieran nada de comer, que no lo bañaran y que le hablara mucho. Todo lo hizo, porque aunque yo se lo dije, Ale sabía y quería hacer todo eso.

Álex sin duda merece un agradecimiento especial, el más grande, porque fue mi apoyo incondicional, porque se entregó a mi tarea como si fuera la suya, por cuidar a nuestro hijo mientras yo no podía, por estar a pesar del cansancio, por ser el papá de Bruno, por haber tenido la sensibilidad y el amor de estar sin condiciones. Sin él no lo hubiera podido lograr.

Luego, ya sola, me cerraron y mi angustia comenzó a disminuir. Leí tantas cosas malas sobre la césarea que durante la hora y media que duró la operación tuve miedo, mucho miedo. Luego, ese miedo se convertiría en coraje. No lo logré, no pude, ¿para esto me prepare tanto? Me decía una y otra vez.

Ver a Bruno no curó la herida. Son cosas distintas. Saber que Bru estaba sano, que estaba bien, no fue consuelo. Pude llorar mi herida hasta el día siguiente con el pretexto de que me dolía el cuerpo, en realidad me dolía el alma. Ale también estuvo ahí, atento cuando desperté en un grito por el dolor y dándome la mano para dar el primer paso después de la operación.

Ese primer paso fue muy difícil, me dolía todo sí, pero más me dolía no haber podido traer a Bruno como sentía que merecía. Tal vez debía ser suficiente estar con él, verlo, tocarlo, pero no, y hasta ahora lo digo sin pena y sin culpa. Tenía una herida y dolía mucho.

Antes de que me llevarán al quirófano algo me dijo que para que naciera Bruno tenía que renacer yo. No se equivocaba. Aquel primer pasó fue como permitirme volver a nacer, a pesar del dolor, a pesar de la impotencia de no poder cuidar a mi hijo sin que eso representará un esfuerzo muy doloroso. Sí volví a nacer, ahora soy mamá.

Poco a poco ha ido sanando. Ahora puedo recordar el parto sin llorar. Ahora pienso que esto es la primera cosa que vino Bruno a enseñarme, no puedo controlar todo y debo aprender a adaptarme a los cambios. Ven, Bru me está cambiando la vida, aunque no sólo por esto, los otros motivos merecen otro post.

miércoles, 13 de junio de 2012

Todavía puedo temer

Publicado por Unknown en 16:47 0 comentarios
Tanis y bebé recién bañaditos
Obsesión, es la palabra que mejor describe lo que siento por los helados dobles de chocolate y fresa. Por eso es que el embarazo no es cosa fácil, deja cargar 10 kilos de peso extra o la inflamación en los pies por las noches, no, lo complicado es encontrar helado lo más rápido posible.

Esta semana, apenas es miércoles y he comido tres, es decir, he consumido helado al ritmo de uno por día, cifra bastante decente si se compara con las veces que voy al baño o las veces que como.

Tal vez si contara las calorías y esas cosas estaría alarmada o muy confiada, la verdad es que no las cuento y con lo único que me mido es con el pan y eso a veces.

Ustedes dirán 'qué madre tan descuidada', yo digo que poca madre eso de no poder comer pan cada que se me antoja. Tal vez inconscientemente cambie el pan por los helados, quién sabe.

La verdad no importa qué tan urgente sea pararme en una heladería y a mordiscos comerme el helado. La verdad tampoco importa el pan, ni los 10 kilos que con apenas cinco meses y medio ya tengo arriba. Ni los pies y manos hinchadas, ni el dolor de los calambres.

Tal vez sólo escribo de estas cosas tan banales para tranquilizarme, para tratar de conservar la calma porque resulta que bebé se mueve más que nunca, responde a la voz de su papá, protesta si me volteo en la cama de forma brusca, es decir, está más y más presente.

Ya sólo falta poquito más de tres meses y estará con nosotros, dejen eso de lado que ya me las arreglaré para bañarlo, no, lo que realmente me tiene tan así, es el parto.

Y si no aguanto, y si me rajo y si, y si... tantos supuestos me tienen con la cabeza de gallina y el corazón de melón se me altera. ¿Prepararme? Claro que me estoy preparando, leo, observo, pregunto, pero no puedo evitar notar la cara de desconsuelo que ponen muchas mujeres a las que les he dicho 'elegí tener parto natural'.

Su cara es de 'pobrecita'. Su pregunta: '¿estás segura?' Su consejo es dejarme sin consejo. Entonces, para qué opinan, para qué. Sólo me asustan e incrementan mis temores. Porque debo aceptar que me da miedo el parto y cuando lo escribo me siento aliviada sólo por el hecho de saber que me estoy diciendo la verdad.

Me he dado permiso de sentir esto porque sé que en el mero momento ni la duda, ni el miedo deben controlarme, entonces les doy chance ahorita, como parte de mi preparación interna para luego dejarlos ir.

Sé que podré, han podido tantas, por qué tendría que ser la excepción, cuando comience la siguiente semana me lo diré todos los días, ahora todavía puedo temer junto a mi helado de chocolate y fresa.

viernes, 18 de mayo de 2012

Eres niño

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Justo el 10 de mayo nos dijeron que eres niño. No debió sorprenderme, tu papá ya me lo había dicho, incluso lo consigne en un pasado post, él te soñó y nunca tuvo duda.

Yo sí, durante las primeras semanas soñé una niña, quién sabe por qué, aunque ni te sientas, eso no significa que te ame menos.

Ahora que ya sabemos que eres niño he estado pensando que hay cosas que no quisiera fueras y otras que me encantaría vivieras.

De entrada me gustaría que fueras honesto contigo y con los demás, que hables con la verdad sobre lo que sientes y quieres. Que puedas llorar sin culpa.

Que sepas ceder, pero que no te dejes. Que controles tu ira y aprendas a manejarla. Que aceptes tus miedos y los enfrentes.

Lo que no me gustaría que fueras es infiel, cretino o misógino. Tu valía con respecto a las mujeres debe estar clara y la de las mujeres también.

En resumidas cuentas quisiera que tuvieras alta autoestima y seas feliz. En estos años por venir trabajaremos tu papi y yop en darte las herramientas para que lo consigas.

Ya sé que serás como quieras ser, ten cuenta que te respetaremos al máximo. Eso no está en duda.

Aunque no está de más una pizca de estabilidad emocional y algunos secretos divinos que te van a ayudar a ser un hombre de esos que será difícil olvidar. Agárrense.

sábado, 28 de abril de 2012

El encuentro

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Tanis y bebé en el espejo de un museo.
Y por fin se me ve la panza. Eso no impide que en la calle me griten 'mami', entonces bajo la cabeza, me tocó la bolita que crece en mí y le digo 'gracias, me haces más sexy'.

Me da risa. Antes, cuando era más feminazi, me ponía roja del coraje cuando me hacían un piropo en la calle, ahora me sorprende cómo llama la atención una mujer embarazada.

La gente me cedé el paso, hay una caja especial para embarazadas en un centro comercial muy famoso que voy a ir a usar pronto nomás por el gusto, mi mamá y mi papá se preocupan de sobra por mi y hasta me regalan batitas hermosas, claro, todos en el fondo responden al enorme esfuerzo que saben es llevar un ser pequeñito en la panza.

Muchas veces escuche mujeres traumadas por la deformidad de sus cuerpos al paso de los meses, incluso hasta después de parir, por aquello de que no todo vuelve a la normalidad. Me sorprende que a mi no me preocupe en absoluto.

No sé por qué me sorprende, no soy de las que ame el gimnasio más que los pasteles de chocolate o que prefiera la secadora que dormir cinco minutos más, pero me veo en el espejo y sorprendida veo cómo voy engordando más y más y lo único que puedo hacer es sorprenderme de cuánta felicidad siento.

Estoy a punto de cumplir cinco meses, por supuesto la mayoría de ropa ya no me queda, me he comprado unos pantalones especiales y uso unas blusitas muy ligeras, aprovechando el calor la ciudad. Aunque la verdad es que prefiero las playeras o suéteres que dejan muy a la vista la panza redondita que me nace desde el pecho, me hacen sentir muy femenina, muy feliz, y cómo no, qué otra cosa que no sea una panza de embarazo puede indicar más feminidad.

De alguna manera me había negado a sentirme así, procuré siempre acercarme a mi lado masculino como una manera muy válida de protegerme, de hacer valer mi trabajo y mis deseos en un país, acéptemoslo, que prefiere a los hombres.

Luego con el deseo de convertirme en mamá ese otro lado que había escondido, el femenino, el de la creación se manifesto de forma contundente. Claro, no me pintaré las uñas de rosa fosforecente, ni me haré peinado de salón todos los días, porque no se trata de eso.

Es algo más, una sensación muy intíma de paz, de aceptación de lo que soy, de mi sensualidad y sexualidad, de mis posibilidades como mujer, de mi ternura y belleza. Tal vez algunas se encuentran en el espejo, otras en el matrimonio, quién sabe, yo me estoy encontrando en la maternidad y me encuentro muy bonita.

sábado, 7 de abril de 2012

Segundo trimestre

Publicado por Unknown en 16:14 0 comentarios
Tanis y bebé, foto tomada por Álex.


Esta es la primer foto que me tomé con la panza ya afuera, es decir con bebé más grande que un frijolito.

Apareció de un día para otro. De verdad, un día me dormí y al siguiente ya estaba ahí, haciéndose notar. Aún me daban ascos, así que como pueden darse cuenta mi carita todavía estaba chirga (así se escribirá?) como dice la atinada de Margarita.

Aún no me sentía bien, después de está foto, pasó una semana e igual que como apareció la pancita, de un día para otro, se me quito el cansancio abrumador y los ascos asquerosos.

¡Bienvenido segundo trimestre!

lunes, 19 de marzo de 2012

Mamá quiere crear

Publicado por Unknown en 21:00 0 comentarios
Tu primera foto.
Desde mucho antes que llegarás a nuestras vidas (calcúlale tres meses, los mismos que ahora tienes) empecé un proceso de transformación que hoy me tiene sorprendida, lo mismo que feliz.
La idea, lo supe desde el principio, era limpiar el lugar en el que habitarías por nueve meses, como quien arregla su casa para recibir una visita muy querida.
No es que estuviera muy sucia tu mamá, la verdad es que llevó mucho más tiempo cambiando y poniendo cosas en su lugar, la diferencia es que ahora se trataba específicamente de recibirte.
Ya son seis meses de este proceso que no culmina, por el contrario se enriquece todos los días con el sabor de tu presencia, porque ahora no sólo se trata de limpiar y dejar reluciente la casa donde vivirás estos meses, sino el lugar que te calmará por las noches y te arrullará para que duermas.
¿Cómo enseñarte la libertad si me falta para ser del todo libre? ¿Cómo te muestro la felicidad si hay un pequeño sitio donde no me siento plena?
He decido cambiar muchas cosas, experimentar nuevos rumbos y agrandar mis expectativas, no tiene caso que ahora te describa a detalle los cambios que preparo porque los vivirás conmigo muy pronto.
Lo que sí quiero que sepas, desde ya, es que tu mamá está creciendo todos los días, como tú. Que no se conforma y que quiere más para sí, para ti, para tu papá. Se trata bebé de una necesidad creativa que me enloquece.
Tal vez el que estés dentro de mi me hace sentir el poder creador que crece como mi panza, a lo mejor simplemente es el momento. Quién sabe, el caso es que mamá quiere crear y lo mejor de todo es que lo hará.

Por cierto, tu papá ha soñado que eres niño, ¿será?
 

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